Dentro del proyecto de Bodegas y Viñedos Castiblanque –además de la elaboración y comercialización de sus caldos y de la apertura de una bodega restaurada en la localidad manchega de Campo de Criptana- se incluye la tarea de producción de uvas propias en sus fincas.

Este proceso se basa en el desarrollo de un programa de reestructuración que incluye el cambio de los viñedos viejos por nuevos viñedos de variedades nobles, fundamentado todo en la idea de diseñar un viñedo que cubriese con satisfacción las necesidades de la bodega, cambiando así los patrones de mentalidad tradicional de nuestra tierra en cuestiones viticultoras. Los viñedos de Bodegas y Viñedos Castiblanque se sitúan en Campo de Criptana, en plena llanura manchega, a unos 800 metros de altitud sobre el nivel del mar, con una oscilación térmica muy pronunciada entre la noche y el día.

Ya en 1995 comenzó el arranque de cepas de blanco Airén, la variedad más abundante en el mundo; se trata de una uva con una alta producción por planta, de la que se obtienen vinos muy neutros y sin aromas primarios (sólo aquellos derivados de la propia fermentación). Del mismo modo se completó durante ese año y el siguiente la plantación de Tempranillo, variedad con la que ya contaba la finca.

En 2003 se lleva a cabo la plantación de Moscatel de grano menudo, variedad de vino dulce en el sur de España (especialmente en Jerez), muy aromática y rica en azúcares que habitualmente se elabora dejando residuos de éste. Bodegas y Viñedos Castiblanque, sin embargo, quiere producir con esta uva un vino seco, utilizando levadura autóctona en lugar de las habituales levaduras seleccionadas, aprovechando así los aromas varietales propios del fruto. El resultado será un vino joven, vino del año, a la par con otros blancos, Chardonnay y Macabeo.
Este proceso se ha completado con la plantación de variedades tan diferentes como Syrah o Cabernet Sauvignon, obteniendo así una gama bastante completa en los tintos.

Una factor importante del proyecto de Bodegas y Viñedos Castiblanque es el seguimiento de maduración a pie de campo. Desde la poda de invierno se procura que no haya una floración excesiva en primavera. La primera visita a los viñedos por parte del ingeniero agrónomo y el enólogo conjuntamente se realiza cuando se produce el cuajado, con la intención de comprobar la carga real que tendrá la planta y determinar si será necesario eliminar racimos manualmente para reducir la producción.

Aproximadamente desde el 15 de julio hasta el momento de la vendimia se hacen dos visitas semanales a cada parcela de cada variedad, llevando un seguimiento de Baumé (concentración de azúcar), ácidos e intensidad colorante. De esta forma se construye una gráfica orientativa que ayuda a determinar el momento óptimo de realizar la vendimia.

Cuando se producen una buena floración y cuajado existe una enorme carga potencial en el cultivo. Para Bodegas y Viñedos Castiblanque es muy importante no castigar los cultivos forzando la producción en ninguna de las variedades, por lo que la condicionan a la calidad que desean obtener. El exceso de carga de las viñas se regula con podas en verde, control del riego 8factor asegurador de una calidad adecuada) y empleo de abonos orgánicos. Es entonces cuando se acuerda la producción que se quiere obtener de cada parcela.

El riego se utiliza, entre otras cosas, como factor limitante. A partir de un determinado momento, cuando se ha decidido el día de vendimia, se condiciona el final del riego para provocar un estrés a la planta que mejora aún más la calidad de la uva. Esto va co-relacionado con otro factor de calidad como es el marco de plantación.

Los marcos de plantación –que hasta ahora eran de 250x250 con densidades de 1.600 plantas por ha.- están llegando a densidades de hasta 3.000, tratando que la misma planta, cultivada en una situación de mucho más estrés, produzca menos cantidad de uva pero de mejor calidad.

El abono se limita prácticamente a la aportación de materia orgánica. Únicamente se han hecho abonados químicos en plantaciones que estaban en proceso de arranque, tratando de recuperarlas. Es el caso de una variedad tinta de unos 30 años, con una gran interés ecológico, que supone un importante patrimonio vegetal.
La recolección se realiza entre las horas más frescas del día, en caja. La uva se transporta rápidamente, asegurando la entrada en la bodega a una temperatura entre 10º y 11º C. De este modo, cuando se prensa la uva el mosto está fresco y las condiciones de fermentación son más favorables.